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Sistema 4-3-2-1: El árbol de navidad futbolístico

Los sistemas de juego son algo que se debaten todos los días en todo el mundo. Algunas personas argumentan que es vital para la forma en que un equipo juega, y si un equipo juega mal, entonces un simple cambio de formación resolverá el problema. Otros argumentan que las formaciones no tienen tanta importancia como se nos hace creer.

Personalmente, como fanático del fútbol y entrenador, creo que los esquemas de juego son extremadamente importantes. No en términos de cómo juega un equipo, ya que al fin y al cabo puedes jugar por ejemplo con una formación en 1-4-3-3 tanto para un estilo ofensivo como defensivo, sino más bien como una estructura que quiero que mis jugadores cumplan. Si quiero presionar con dos delanteros y cuatro centrocampistas en línea detrás de los puntas, es de suma importancia que los jugadores se posicionen en consecuencia para asegurarnos de que podemos cumplir nuestro objetivo.

Una formación que ofrece posibilidades muy interesantes en términos de juego combinativo es el sistema 1-4-3-2-1, el conocido “árbol de navidad” que estuvo en el punto de mira con el reinado de Carlo Ancelotti en el AC Milan. Es una formación que rara vez se utiliza hoy en día, aunque se puede argumentar que algunos equipos terminan con estructuras similares cuando por ejemplo los extremos entran a zonas interiores en lugar de permanecer en la banda. Ancelotti desplegó una defensa de cuatro, tres centrocampistas, dos extremos colocados como mediapuntas y un delantero referencia.

Además del Milan, pocos equipos han utilizado la formación de forma consistente, aunque precisamente el ex defensor del Milan Massimo Oddo, lo utilizó en el Pescara en la temporada del ascenso a Serie A.

En este artículo nos fijaremos en cómo algunos equipos han implementado este esquema, qué fortalezas tiene la formación, y qué debilidades, razón por la cual es probablemente tan poco utilizado:

DEFENSIVAMENTE

La ventaja defensiva con el 1-4-3-2-1 es bastante obvia. Es muy fuerte en la zona central, con tres centrocampistas por delante de la defensa. Esto fuerza automáticamente a los oponentes a jugar por las zonas laterales del campo. Si un equipo con este sistema tiene jugadores enérgicos y rápidos, se puede realizar una buena presión, ya que aunque un jugador abandone su línea, sabe que tendrá siempre compañeros de sobra por detrás suyo para tapar sus espacios.

Si el equipo defensor se ve forzado a defender en un bloque bajo, los dos mediapuntas podrán posicionarse junto a la línea de 3 centrocampistas formando una línea de cinco, en lo que sería un 1-4-5-1.

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La acumulación de jugadores en zona centro permite evitar el juego interior del rival y orientarlo así a las bandas.
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Aunque un jugador interior abandone su posición para saltar a presionar, siempre tendrá otro que pueda ocupar su espacio gracias a la acumulación de centrocampistas.

Tras perder la posesión, el sistema 4-3-2-1 también es perfecto para los equipos que prefieren presionar tras la pérdida debido a la gran proximidad entre los jugadores en la estructura de ataque. Especialmente si el balón se pierde en zonas interiores, donde tendrían al menos 5 jugadores que deberían estar lo suficientemente cerca como para presionar de forma intensa o al menos retrasar cualquier pase que el rival intente dar hacia delante.

El problema que podría surgir en los carriles laterales. Por ejemplo, si un extremo rival recibe el balón y el lateral no puede llegar a la presión, el extremo tendrá todo el tiempo del mundo para poder decidir la acción que quiere realizar a continuación. Y por no hablar de si lo supera, ya que encontraría toda la banda para él.

ATAQUE

El principal atractivo de esta formación para mí es el posicionamiento de cinco jugadores en zonas interiores, que asegura casi siempre la ventaja numérica con respecto al oponente. Teniendo en cuenta los tres centrocampistas y los dos mediapuntas, un equipo defensor debería centrarse en negar el espacio a los mediapuntas, pero eso dejaría al resto de centrocampistas demasiado libres en cuanto a espacio/tiempo. En cambio, si la presión fuerte se la hacen a los centrocampistas, los mediapuntas podrán encontrar espacios a la espalda de esa presión (2 mediapuntas + 1 delantero).

Esta situación lleva a los equipos que se enfrentan a este sistema a mantenerse estrechos para evitar la amenaza. Esto abrirá espacios enormes en cualquier costado que los laterales podrán explotar. Al llegar desde posiciones muy atrasadas son difíciles de defender, ya que estarán corriendo hacia el espacio en lugar de estar en él, como podría pasar con los jugadores de dentro.

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La superioridad interior constante, que permite entre otras cosas atraer a los rivales y dejar libre las bandas para que aparezcan los laterales.

La gran proximidad entre los jugadores también significa que es más fácil intercambiar posiciones, lo que permitirá un movimiento fluido entre los jugadores tanto en el centro del campo como en ataque. Como podría ser el caso del delantero cayendo a zonas interiores atrayendo a un central, para que los dos mediapuntas ocupen su posición y realicen un 2×1 contra el central rival que quedaba libre.

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Como vemos aquí, el punta abandona su posición para recibir entre líneas, atraer a su marca, y permitir a los mediapuntas crear superioridad ante el central libre.

El problema en ataque con el que la mayoría de equipos que utilizan este sistema se encuentran, es probablemente la falta de amplitud natural. Si los laterales no se unen al ataque, sin duda ese equipo tendrá un problema para intentar derribar a una defensa que se encuentre compacta, ya que toda buena estructura de ataque debe tener profundidad y amplitud.

Del mismo modo, con ambos laterales teniendo que acudir a dar amplitud a su equipo, puede aparecer el peligro en los centrales, ya que si no están acostumbrados a defender espacios grandes, quedarán bastante expuestos en situaciones de contraataque rival, sobre todo si ese oponente juga con dos delanteros (se encontrarán con una situación 2×2). Una buena manera de ocultar o tapar este problema sería dar la orden a alguno de los centrocampistas para que se mantuviera por delante de sus centrales y no acudiera al ataque, pero esto evitaría que cuando el equipo tuviera el balón pudiera tener superioridad interior. Todo un dilema para el entrenador.

CONCLUSIÓN

  • Lo que hemos visto es que el sistema 4-3-2-1 es altamente adaptable y flexible, ya que puede modificarse rápidamente y convertirse en otros sistemas de juego sin demasiado trabajo previo.
  • Si se carece de extremos en la plantilla y el equipo tiene jugadores de perfil técnico, es una formación que le puede venir como anillo al dedo a cualquier entrenador.
  • También es una buena formación para equipos que quieran presionar arriba.

 

 

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